“Ejercicios de empatía: tramas de lo vivo” es el título del aporte chileno a la Trienal de Arte de las Universidades Católicas, exhibición inaugurada el 4 de septiembre y que permanecerá abierta hasta el 22 de noviembre de 2026. A cargo de la Pontificia Universidad Católica de Chile, este segmento de la invitación hecha por el Dicasterio para la Cultura y la Educación se despliega en distintos museos y locaciones de Santiago y la Región de Coquimbo.
En una época marcada por el avance acelerado de la inteligencia artificial, cuando los algoritmos son capaces de producir imágenes, música, textos e incluso simular conversaciones humanas, la Iglesia católica ha decidido responder desde un terreno inesperado: el arte contemporáneo. La iniciativa lleva por nombre “Trienal de Arte de las Universidades Católicas”, su primera edición se titula Ejercicios de empatía y constituye uno de los proyectos culturales más ambiciosos impulsados por la Santa Sede en los últimos años. Más de un centenar de artistas, siete universidades distribuidas en cuatro continentes y una reflexión común sobre aquello que sigue siendo irreductiblemente humano conforman el núcleo de una propuesta que culminará en Venecia en 2027.
Detrás de esta iniciativa está el papa León XIV, quien ha situado la relación entre humanidad y tecnología en el centro de su magisterio. En su primera encíclica, Magnifica humanitas, advirtió que las inteligencias artificiales “no conocen lo que producen, porque no residen en el horizonte afectivo, relacional y espiritual en el que el ser humano se vuelve sabio” (MH n. 99), una afirmación que se ha convertido en el punto de partida conceptual de la trienal.
Más que una crítica a la tecnología, la propuesta busca formular una pregunta de fondo: ¿qué dimensiones de la experiencia humana no pueden ser sustituidas por sistemas automatizados? Para la Santa Sede, la respuesta pasa por la empatía, entendida no como un sentimiento pasajero, sino como la capacidad de habitar la experiencia del otro, construir comunidad y generar vínculos significativos.
Las universidades como laboratorios culturales
La organización del proyecto está a cargo del Dicasterio para la Cultura y la Educación, que ha querido situar a las universidades católicas en el centro del debate cultural contemporáneo. No se trata simplemente de utilizar espacios académicos como sedes de exposiciones. La apuesta es más profunda: convertirlas en laboratorios donde dialoguen arte, filosofía, teología, ciencias sociales y pensamiento crítico.
La ruta internacional recorrerá Río de Janeiro, Bogotá, Boston, Santiago de Chile, Milán, Lisboa y Luanda, articulando una red de instituciones llamadas a reflexionar sobre el futuro de la condición humana en una era dominada por la automatización.
Para el cardenal José Tolentino de Mendonça, prefecto del Dicasterio para la Cultura y la Educación y uno de los principales impulsores del proyecto, la cuestión es urgente. “En un momento en que muchos procesos están siendo delegados a algoritmos, reafirmar la centralidad de la empatía humana se convierte en un acto de conciencia cultural”, afirmó al presentar la iniciativa.
El cardenal ha insistido además en que las universidades poseen un papel singular en este escenario. Según sus palabras, es desde “la capacidad de situarse en la experiencia del otro y de habitar su punto de vista” que la universidad puede cumplir su vocación más profunda: “generar comunidad en torno a la verdad” (@artcut26).
Una “Escuela de la Empatía”
La dirección curatorial general de la trienal fue confiada al académico portugués Nuno Crespo, director de la Escuela de Artes de la Universidad Católica Portuguesa. Desde el comienzo definió el proyecto como una auténtica “Escuela de la Empatía”, una plataforma destinada a explorar nuevas formas de relación entre personas, conocimientos y culturas.
Crespo sostiene que la diversidad constituye la riqueza fundamental de la iniciativa. “La Trienal reúne a artistas que hablan lenguajes diferentes, poseen poéticas distintas y prácticas artísticas, culturales, sociales y políticas muy diversas”, señaló en su declaración curatorial.
Su objetivo no es construir un discurso único, sino generar experiencias capaces de abrir preguntas. “Cada obra, cada exposición y cada artista nos conduce hacia prácticas colectivas de empatía”, afirmó.
Esta mirada se refleja en la amplitud del programa internacional. Figuras de reconocimiento mundial como Martha Rosler, William Eggleston, Arthur Jafa, Ana Maria Maiolino, Apichatpong Weerasethakul o Corita Kent participan en distintas sedes, aportando perspectivas que van desde la crítica social hasta la memoria histórica, la espiritualidad o la ecología contemporánea.
Una respuesta cultural a la inteligencia artificial
Aunque la inteligencia artificial está en el origen de la reflexión, la trienal evita reducir el debate a cuestiones técnicas. Lo que está en juego es una interrogación más amplia sobre las formas de vivir juntos, comprender al otro y construir significado en una sociedad crecientemente mediada por sistemas tecnológicos.
Tolentino de Mendonça ha descrito la empatía como una “necesaria operación de rescate cultural” en un contexto marcado por la polarización y por herramientas de comunicación que, paradójicamente, pueden aumentar el aislamiento.
Desde esta perspectiva, la apuesta del Vaticano resulta significativa. En lugar de responder exclusivamente mediante documentos doctrinales, ha decidido promover una conversación global a través del arte, movilizando a universidades y artistas para reflexionar sobre cuestiones éticas, sociales y espirituales que afectan a todo el planeta.
El caso chileno: ampliar la empatía más allá de lo humano
Si cada sede desarrolla una aproximación propia al tema central, la propuesta chilena ha destacado por introducir un giro particularmente original. Mientras otros países privilegiaron la reflexión sobre las relaciones entre personas, la Pontificia Universidad Católica de Chile optó por extender la empatía hacia el conjunto del mundo vivo.
Bajo la curaduría de Alexia Tala, la exposición Ejercicios de empatía: tramas de lo vivo reúne cuarenta obras de artistas nacionales e internacionales y se despliega simultáneamente en cuatro espacios: MAVI UC, la parroquia de la Veracruz, el Museo Chileno de Arte Precolombino y el Bodegón Cultural Los Vilos.
La propuesta encuentra sustento en una reflexión ecológica y cultural de largo alcance. Según explica Tala, “fuimos los únicos que tomamos el tema central desde la relación con otros seres vivos y no solo entre humanos. Queríamos hablar del entramado que existe en la naturaleza, que tiene que ver con la cosmovisión de los pueblos indígenas, y que implica un respeto al planeta y sus habitantes” (VD p.6-7, EM 26/9/26).
Este enfoque dialoga directamente con la descripción general de la muestra chilena, que invita a pensar el tiempo profundo de la Tierra, la memoria inscrita en los paisajes, las cosmovisiones indígenas, las relaciones entre especies y las conexiones entre dimensiones geológicas, biológicas, cósmicas y espirituales.
Arte, ecología y cosmovisiones
La exposición chilena se organiza en seis núcleos curatoriales: “Materia y tiempo”, “Geografías vivas”, “Ecologías del futuro”, “Cosmovisiones en conflicto”, “Entre lo terrestre y lo cósmico” y “Convergencias”. El recorrido propone distintas maneras de comprender la relación entre seres humanos, naturaleza y desafíos ambientales contemporáneos.
Entre las obras más destacadas figura una monumental vasija creada por Bernardo Oyarzún, inspirada en la concepción mapuche del agua como portadora de vida, energía y memoria. Frente a ella, Patricia Domínguez presenta una serie fotográfica que imagina posibles escenarios posteriores a una catástrofe climática.
Otra de las piezas centrales es Desborde, de Josefina Guilisasti. La artista recrea la cordillera de los Andes utilizando cera de soya instalada sobre estructuras que emiten calor. A medida que transcurren las semanas, la obra se derrite lentamente hasta desaparecer, transformándose en una metáfora visual del deterioro ambiental y la fragilidad de los ecosistemas.
La muestra también incorpora obras audiovisuales, arte textil, instalaciones participativas y proyectos desarrollados por artistas provenientes de Chile, Brasil, Perú, Colombia, Panamá, Cuba, Honduras, Guatemala, Francia, Reino Unido, Estados Unidos, Portugal y Tailandia.
La empatía como forma de conocimiento
Más allá de la temática ecológica, la propuesta chilena comparte con el conjunto de la trienal una idea fundamental: la empatía no es únicamente una emoción, sino una forma de conocimiento.
El propio cardenal Tolentino de Mendonça ha insistido en que la empatía es “un instrumento cada vez más indispensable para construir y compartir conocimiento, para tejer reciprocidad”.
Esa misma convicción aparece en la formulación conceptual de Tramas de lo vivo, donde el mundo ya no es entendido como un conjunto de objetos disponibles para ser utilizados, sino como una comunidad de existencia dotada de valor propio. Desde esta mirada, reconocer nuestra pertenencia a una red compartida de vida constituye el primer paso para imaginar formas más responsables de coexistencia.
Un debate que trasciende el mundo del arte
La relevancia de esta iniciativa excede ampliamente los circuitos artísticos. La pregunta por aquello que permanece humano en una época de inteligencia artificial atraviesa hoy la educación, la política, la economía y la vida cotidiana.
El Vaticano parece haber comprendido que las transformaciones tecnológicas no pueden abordarse únicamente desde la regulación o la innovación, sino también desde la cultura. De allí que la trienal funcione como un espacio de investigación colectiva donde artistas, académicos y estudiantes exploran dimensiones de la experiencia humana que no pueden medirse en términos de eficiencia o productividad.
Hacia Venecia 2027
La clausura de la trienal tendrá lugar en Venecia en 2027, ciudad que en los últimos años se ha convertido en uno de los principales escenarios de la presencia cultural de la Santa Sede. Allí convergerán los aprendizajes, obras y diálogos desarrollados en cada uno de los continentes participantes.
Sin embargo, la verdadera relevancia del proyecto quizá no se encuentre en ese punto de llegada, sino en el proceso que ha puesto en marcha. Al convertir a las universidades en lugares de encuentro entre arte, pensamiento y responsabilidad social, la trienal busca devolver centralidad a preguntas que la revolución tecnológica vuelve cada vez más urgentes.
Como sintetizó Nuno Crespo, se trata de un proyecto sustentado en la convicción de que los lenguajes artísticos siguen siendo herramientas privilegiadas para crear relaciones, diálogo y afinidades más allá de fronteras culturales, políticas o lingüísticas.
Chile ha asumido ese desafío desde una perspectiva singular, ampliando la empatía hacia la naturaleza, los territorios y las formas de vida no humanas. En un momento en que el debate sobre la inteligencia artificial suele centrarse en capacidades técnicas y riesgos económicos, la propuesta chilena recuerda que la pregunta decisiva sigue siendo otra: cómo aprender a convivir, cuidar y reconocernos como parte de una trama común de existencia. Y precisamente ahí, sugiere esta trienal internacional, reside uno de los mayores desafíos del siglo XXI.