“El título de este libro, ‘Vuelan los cisnes salvajes’, es un homenaje a mi madre, a quien no puedo acompañar en su lecho de muerte. Ella me ha dado alas para alcanzar el cielo y ser libre. Gracias a ella hoy puedo vivir y escribir con libertad”.Jung Chang
El libro se inicia con recuerdos de familia, la infancia en la China de Mao y la Gran Hambruna entre los años 1958 a 1961, cuando sus padres pierden la fe en Mao, porque sabían que él había provocado la muerte de millones de sus compatriotas.
Durante la Revolución Cultural (1966-1978), promovida por Mao y por el Partido, los padres de Jung Chang, al igual que muchos antiguos revolucionarios fueron degradados, castigados y sometidos a sesiones de denuncia. Ambos acabaron en campos de trabajo, pero fueron liberados porque otra purga entre los jefes dejó a Mao sin funcionarios y tuvo que volver a llamarlos.
En 1973 Jung Chang ganó una beca y entró a la Universidad de Sichuan para estudiar inglés. Muere el padre de Jung, muere Mao y sube al poder Deng Xiao Ping, con una visión reformista del gobierno. La aplicada estudiante se gana una beca para Londres y aterriza en la capital británica con otros trece compañeros.
En Londres fue feliz, descubrió un mercadillo de ropa usada y pudo comprar ropa distinta del atuendo Mao –pantalones negros y una chaqueta uniforme–. Tuvo varios pretendientes y novios, incluso un marido, el testarudo Yee, del cual se divorció sin mayores problemas. Y conoció a Jon Halliday, su actual marido.
En 1988 su madre pudo viajar a Londres y comenzó a contarle la historia de su vida, se entusiasmó con sus recuerdos y se pasó los días frente a la grabadora. A su regreso a China, su madre le dejó 60 casetes. Había nacido un nuevo libro: Cisnes Salvajes, tres hijas de China. Con la publicación de los Cisnes, Jung se hizo famosa y cayó en desgracia con el gobierno, porque el libro era muy crítico de la revolución cultural y del propio Mao.
Jung enfermó de cáncer y demoró mucho en reponerse. Fueron diez años sin escribir. Cuando se mejoró, ella y su marido comenzaron a escribir una biografía sobre Mao. Jung tenía material de archivos chinos y Jon, que sabía ruso, investigó en Moscú. De paso, el libro comenta sobre políticos occidentales que estuvieron cerca de Mao. Por ejemplo, Nixon lo presentaba como un líder sabio y benigno. Kissinger lo describía como un hombre lleno de pureza revolucionaria y un verdadero filósofo. Otro estadounidense, el periodista Edgar Snow, escribió Estrella roja sobre China, un libro que falseaba completamente la historia del país.
Jung y su marido entrevistaron a mucha gente para su biografía de Mao. En 2005 se publicó el libro en inglés y un año después en chino. Querían que el público conociera a Mao como verdaderamente fue, un dictador a la altura de Stalin y Hitler.
Jung pidió un permiso para visitar a su madre en China y se lo negaron a menos de que hiciera una declaración pública renegando de su libro. No lo hizo, pero finalmente consiguió el visado y ambas mujeres se reunieron en Chengdu y pudieron hacerlo más veces. Incluso en los 80 años de su madre, celebrados por todo lo alto, signo de la prosperidad económica, piensa Jung, que se respiraba en China.
El libro termina en forma triste, porque Xi Jinping, actual presidente del país, se convirtió en presidente vitalicio, por decisión de la Asamblea Popular Nacional. Por una parte, Xi autorizó a los parientes que no vivían en China a congregarse para la muerte de sus padres, pero al mismo tiempo declaró que quienes habían atacado al partido y a sus grandes dirigentes serían castigados con penas muy severas: “Confieso que sentí miedo y no me atreví a viajar”. En el epílogo de su libro, Jung reconoce que vuelve a ser optimista. El presidente Xi quería un Estado neo maoísta y controlar el mundo, pero eso no sucederá. Mao no vencerá a la democracia.
Realmente este es un libro apasionante. Los personajes, las costumbres, los paisajes, los insólitos vericuetos de la política. La trayectoria literaria de Jung, sus entrevistas, su lenguaje coloquial, su simpatía.
Resulta interesante, además, relacionar este libro con el artículo de José Miguel Vidal, publicado en Humanitas n°112, “La larga marcha del catolicismo en China”. No siempre el catolicismo ha sido perseguido en China: del siglo 13 al 18 gozó de la pax mongólica de la dinastía Yuan. Más tarde, los cristianos se establecieron en comunas rurales, alcanzaron a ser 800 mil, tuvieron iglesias y escuelas. Al llegar el comunismo, con la República Popular China, parecían destinados a desaparecer. Los católicos lo pasaron peor que los protestantes, por su contacto con una potencia extranjera, el Papa. Con la Revolución Cultural, la represión fue más intensa y organizada, sufrieron como miles de chinos, cuyas vidas reproduce Jung Chang en su libro.
Actualmente el presidente Xi Jinping propone otra de sus inquietantes ideas: la “chinización” de todas las religiones que se adapten a la ideología comunista y armonicen con la cultura tradicional china. Siguen siendo tiempos difíciles, quizás heroicos.